sábado, julio 14

octavo coso

Dicen los que saben que una vez existió una nena que juntaba las hojas secas adentro de una valija. La valija decía “fin”. Guardarse los finales era triste pero hermoso.
Los días jueves eran lo mismo que los martes para ella, los relojes eran una de las miles de cosas que se nombran pero no existen. Se despertaba recitando un sinfín de acciones que nunca iba a ejecutar, y luego saltaba los mil kilómetros que hay entre el colchón y el suelo solamente para ser una hoja y saber que alguien podría juntarla y guardarla en una valija. Su valija, quizás, no diría nada, ni “fin” ni “amor”, absolutamente nada. Su vida transcurría entre el cordón de la vereda y las ganas de correr. Tropezarse. Entre la conciencia de libertad y la encarcelación voluntaria. Limitarse. Entre las ganas de creer y la gente que te dice que el ratón Perez son los padres. Ensordecer. Cuando estaba de buen humor decía que en la esquina de Av. Rivadavia y Callao había un huequito donde uno podía estar bien. Bien y sin ojalases, bien y ya sin sed, tranquilo. Cuando estaba triste, agregaba que solamente era un huequito para los que veíamos huecos en todos lados, para los que le ponemos carteles de salida a todos los umbrales, para los que ya no soportamos este hacer bucles cuando podemos caminar derecho. Los que saben dicen que una vez existió una nena, lo dije hace diez minutos que en realidad fueron treinta Apocalipsis. Una nena ya no es nena. Es una hoja seca dentro de una valija que no dice nada pero grita como gritan los que no saben actuar, y ya no tiene ni idea de si la esquina de Av. Rivadavia y Callao es una salida o una trampa. Si reírse es el paraíso o mugre debajo de una alfombra. Ahora tiene que hacerse cargo y nunca va a estar lista.

2 comentarios:

... dijo...

Tierna.

Vanryu dijo...

Dudo seriamente que tengas 14 años. No, en serio. Es demasiado. Tal vez hayan pasado 14 años desde que naciste, pero vos (estoy seguro) estuviste acá antes que nadie, antes que todos.

No lo soporto más, te linkeo el blog.