martes, febrero 10

Ajeno brillante



Esto se llama Chernobyl y lo hizo Jaime Pitarch.

Concebir

A Amelia el destiempo la desubica de una forma tan fastidiosa y hermosa que uno no sabe si romperle una pierna o decirle mamá. Me toca la puerta de casa a ninguna hora, y yo a ninguna hora le abro enojadísimo, tratando de que enojadísimo. Para los mortales que usamos el reloj con todo el dolor de nuestras almas son las tres de la mañana y hay que dormir o beber empedernidamente, pero ella es infinita, y duerme y bebe en simultáneo junto con todas las otras acciones, así que entra y se saca la ropa. Ninguna hora y ninguna tela. Se saca la ropa como con urgencia, como si estuviera tratando de retener el vómito hasta conseguir un balde lo suficientemente grande. Se me ocurre que en realidad la ropa se la saca a ella. Ella se sienta en el sillón. Tiembla. Me pide un cuchillo. Mentira, me exige. Yo trato de que enojadísimo, y quiero gruñirle y asustarla. Que salga corriendo. El cuchillo le urge como le urgía desvestirse. Su vida ahora mismo se trata enteramente de tener un tramontina con sierrita en la mano y estar desnuda, temblando de frío en mi sillón y sin mirarme. Se comporta como una embarazada a punto de parir pienso, y también pienso que me está llenando la casa de gritos. Son las tres y media de la mañana en todos los relojes de nosotros los pobres zombies del sistema sexagesimal y ella está desnuda en mi sillón mientras yo trato de que enojadísimo y de conservar los botones del pantalón en su lugar. Me dan ganas de morderla y arrancarle la carne de a cachos y hay tantas razones para hacerlo que realmente constituye un esfuerzo quedarme quieto. Le doy la navaja más desafilada que encuentro y ella se pone a escribir el piso con susto. Estimo que está pujando. No me mira. Vino a casa a no mirarme y marcarme el piso. Y a llorar. Ahora llora. Escribe como si fuese a vomitar y llora como si la persiguieran. La veo chiquitita y de rodillas sobre el parqué, gritando como si se le desgarrara todo, como si todos sus órganos internos se le estuvieran escapando, y hasta me dan ganas de ser un poco ella. De estar pujando en servicio de la concepción de quién sabe qué en el piso de su casa, desnudo, con frío y transpiradísimo, a las cuatro menos veinte de la mañana.

Porque te sé el olor a sudor
y te sé a vos
en tres o cuatro niveles
te digo
que la próxima vez que intentes amar
lo hagas mejor.

Termina y me mira. Fijísimo. Tiene los ojos hechos pedacitos de vidrio. Es muy triste me dice. Y quiero abrazarla y darle una taza de café o un cigarro mientras le acaricio las costillas, pero no la toco. Es muy muy triste. Yo también lloro. Depresión postparto que le dicen. Me dice como puede que vino porque quería que estuviera. Que estuviera dónde le pregunto yo. En el nacimiento de nuestro hijo me contesta. Acabamos de tener una tristeza, Santiago, y es bellísima.

miércoles, enero 28

Stadt

Hombres y mujeres remendados por todos lados se encuentran para no decirse nada y beber mucho, para dejarse solos. Se citan en cafés y en boliches y en parques y en restoranes para abandonarse. Para no abrazarse abrazándose y no besarse besándose y para tener un sexo deforme y triste sin tocarse. Hombres y mujeres que no son hombres y mujeres sino machistas o marxistas o leninistas o progresistas o rosistas o fanáticos del truco y de la tarta de verdura se consiguen una casa una tele una mesa de ping pong un laburo y un conflicto que rumiar para entretenerse, porque no parecen poder hacer otra cosa. Hombres y mujeres rotos hasta lo mástriste se juntan para no olvidarse de que están separados. Para llorar doce soledades en el baño (porque la convivencia de los hombres y mujeres que nunca vivenciaron nada es eso en realidad: pedirle a alguien que se mude a tu casa, cuestión de poder esconderte entre el shampú y la esponja vegetal y llorar hasta el vómito) para desmembrarse hasta la relocura de tanto intentar darse cuerda. Hombres y mujeres que no son y que no saben se reúnen en fiestas multitudinarias a pretender que se olvidan de que todo les duele. Y quiebran para quejarse de la resaca, y bailan para quejarse de los zapatos. Hombres y mujeres hervidos en un caldo nauseabundo de años y años de Aristóteles y concepto sin símbolo se miran al espejo y quieren ser otro. Otro más lindo, otro más seguro, otro más flaco más tranquilo más potente más auténtico. Pagan a otros hombres y mujeres precocidos para que les expliquen dónde hay que poner qué para ser deseado y cómo tiene que ser la estatura, el peso, la contextura, la personalidad y los hábitos que a su vez tienen que desear. Exigir. Comprar. Hombres y mujeres llenos de antisépticos se enferman y se mueren sin saber por qué la lluvia y la vida, y llenos de un dolor en el que pueden sumergirse, un dolor que se puede amasar y olfatear pero que aseguran (ellos o sus asesores) que no existe. Hombres y mujeres que valen en negativo, suicidados desde que nacieron y entregados completamente a la tarea de encogerse para entrar en un nombre se amuchan en los medios de transporte en las plazas en los edificios de departamentos en las casas en las escuelas en las iglesias los templos las sinagogas los bares las casas de antigüedades los complejos de cines las salas de espera para el psiquiatra, el tarotista, el quiropráctico, el cirujano plástico, el ginecólogo, el alergólogo y la sala de emergencias y se vomitan unos a otros, se escupen intentando decir "este soy". Y una los ama al borde de lo ridículo. Con miedo. Y con dolor de cabeza.

miércoles, enero 21

Por salút

Si yo nunca
me despierto a la madrugada
es porque lo que madruga huele a bebé recién parido y
nos despierta
una existencia blandita y piriquichiquita
con la que no se puede hacer más que dejar que las cosas
nos tacleen y descubrirnos
ombligo
orejas
culo
amor.
Si yo nunca me
despierto
de madrugada
es porque lo que madruga apesta a bebé recién parido y
uno puede estar horas
investigándose las manos sin saber
que existe semejante cosa como las manos.

Si yo nunca me
levanto de la cama
cuando es madrugada
es porque lo que se levanta de la cama cuando
es madrugada
tiene la textura de un bebé recién parido y
da ganas de decir Mamá
y de mamar.

Yo nunca me despierto a
la madrugada
porque soy una cobarde.

martes, enero 20

Retrato.

Amelia es así. Tiene problemas cognitivos en cuanto a conjugar espacio y tiempo. Tiene una mamushka en la cabeza que intenta resolver el nihilismo constantemente y desde cualquier lado. No sabe quién carajo es la mujer que aparece en la marquilla de los cigarrillos y piensa que ojalá los bronquios no se le enojaran tanto cuando inhala y exhala. Tiene conciencia de que cada vez que inspira está expirando un poquito y un poquito está pariéndose. Cree que los seres humanos, en sociedad, estamos en estado líquido o en estado gaseoso. El otro estado de agregación, conjetura, nos pone ultraviolentos. A todo quien la escucha le dice con las manos que las cosas se mueven y se impregnan, así que cuidado con lo que echás sobre las cosas. A todo quien la oye le calla.
Amelia a veces quiere ser el amante francés de una mujer con pecas en las tetas, o una de esas parejas de cieguitos que caminan agarrados del bastón y del otro simultáneamente, y que realmente no tienen necesidad de transladarse, o de esos bichos que son tan una cosita de nada que nadie les quiso poner nombre. A Amelia el nombre le pesa de lo liviano que es.

A veces se le tapa la bombilla del mate o el cuerpo, y tiene que andar revolviendo mugre y chupando muy fuerte.
Cuando es viernes le dan unas ganas insólitas de que alguien la agreda y la rompa y la arañe. Cuando es sábado quiere que le besen la panza. Y los domingos tiene unas ganas insostenibles de fotografiar a una mujer negra mientras se baña.
Cuando puede no piensa, pero cuando piensa se le vienen a la cabeza terremotos. Piensa que hay gente que cuando habla parece una obra de teatro sin cohesión y que las jirafas son un reductio ad absurdum de las vacas. Piensa en conceptos, en colores y en alta definición. Y se pregunta y se pregunta y se pregunta, pero no responde casi nada. No porque se ignore sino porque sabe: en colores y en conceptos no puede abarcarte a vos ni a nada.
Le interesa casi todo. Casi todo no se interesa en ella. Le gusta que las cosas que aman estén bien cerquita y no se abismen, pero Amelia se equivoca y la equivocan, y a veces tiene tantas ganas de que las cosas no existan que lo único que puede hacer es no permitir la existencia y sentipensar en ventanas. Ventanas abiertas de par en par a veces, y a veces apenas cerradas, o con la cortina baja. Ventanas herméticas y ventanas descuidadas. Ventanillas de autos y de aviones. Las ventanas la llevan a replantearse la existencia de los pájaros. Apenas les permite existir y los pájaros le recuerdan a tu cama y a tu olor. Entonces la sobreviene la certeza de que tu cama es material fotosensible. No lo piensa, lo exhala. Tu cama es material fotosensible y ustedes pintan con luz. Cuando Amelia pinta con luz y con vos, su mamushka vence al nihilismo y deja de tener desastres naturales en la cabeza. Amelia es, por sobre todo cuando pintan.




(Pero después. Después es algo que no se puede manejar. La soledad sola solita y sin ella de estar a cielo abierto y no saber cómo se usan las piernas la golpea más fuerte que nunca y te quiere tan pegado a sus músculos que llora como lloran las nenas cuando se caen de rodillas. Es un llanto puro y es un llanto inmaduro. Cuando Amelia llora un llanto (asquerosamente) puro e inmaduro, se da cuenta. Y cuando se da cuenta suele prometerse no volver a dejarse sola. Suele abrazarse y darse de beber. Así es Amelia. Pero eso no importa. -La mayoría del tiempo- Amelia es.)


sábado, enero 17

Frotar estregar fregar refregar restregar friccionar rozar

Es tarde. Es demasiado tarde, es bestialmente tarde, es desubicadamente tarde y Quién se sigue revolviendo las neuronas y revolviéndose en la silla, buscando el recuerdo de alguien, el concepto de alguien que tenga los dedos lo suficientemente largos como para rascarle el esófago, que le pica a masnopodér. No encuentra nada. Desordena todo. Pero es tarde. Es demasiado tarde, es inconvenientemente tarde, es fatalmente tarde para las cosas que eran y ya no son, y Quién piensa en la forma que tiene de caer la lluvia sobre las cosas que no son pero están. Circular, se sonríe. Ahora todo le parece tan influenciable que un pulmón le suspira (puchaché) y el otro se estremece. Le dan unas ganas orgullosas de tocar todo y otras ganas a escondidas de que todo lo toque. Ayer leyó un libro que decía la palabra lullir, y comprendió que mientras todo lulla las cosas no van a estar tan mal. Se sirve café y está seguro de que si pudiese abarcar al menos la mitad de las cosas que implica el café se sentiría más digno de tomarlo. El café lulle la lengua y Quién entiende que se acaba de tomar a alguien con los dedos lo suficientemente largos como para rascarle el esófago. Calma.

sábado, enero 10

Tradecir

Yo me despierto(pero no es que me despierto de verdad, sino que tomo la acción de despertarme)
porque vos te despertás (pero no es que te despiertes de verdad, porque vos no dormiste nunca) y porque estoy convencida ( y con eso quiero decir que la idea no me satisface del todo pero no se me ocurre de qué otra manera pueden ser las cosas) de que si no me dejo madrugar no voy a aprender nada.
Con toda la garganta (y lo que la garganta implica) quiero decir “ésta soy yo” ( ésta soy yo con lagañas, ésta soy yo sin pantalones y con la cara hinchada, transpirada, ésta soy yo rota y sucia ésta...) Pero escupo.
Escupo y miro por la ventana (mirar por la ventana significa que intento ponerme en contacto con las cosas, aunque casi nunca lo logro y entonces lloro un llanto deforme y agresivo porque me aplasta la idea de que ninguna cosa me quiere rascar la panza mientras duermo) Miro con los pulmones apretados el afuera (El afuera significa diez de los míos queriendo decir “éste soy yo” pero escupiendo y asomándose a las ventanas, convencidos de que si no se dejan madrugar no aprenden nada, y siendo madrugados tan seguido y tan porque sí que les duele el sol y sienten que se los están tomando para la chacota y que para cuándo poder decir sin la náusea) El único que logra decir es el cielo y nos llueve a todos (lluvia acá significa alivio, como cuando la parrilla está hirviendo y se la sumerge en agua)
A la lluvia vos la concebís de la misma forma que yo (pujando) con el mismo sudor y las mismas ganas de que deje de doler el vientre (Y así estamos bien) La lluvia dice todo lo que nosotros escupimos. (Estamos bien) Nos dejamos madrugar, pero estamos bien (en cualquier caso, estamos por estar bien.) Yo sé que sonreís porque pensás que mientras siga lloviendo no hay nada de qué preocuparse, y vos sabés que estoy de acuerdo (pero hay veces que no alcanza casi nada)
Pongo el agua en la pava y la pava en el fuego (y el fuego le pone burbujas al agua) y yo con el agua te preparo un café. Revuelvo (yo también me revuelvo). Quiero con toda la cuchara (y lo que la cuchara implica) diluírme (porque estoy imbebible y gorda y podrida). (Ya) no puedo decir “esta soy yo”. (Ya) no puedo decir (pero hablo). Escupo. Escupo escupo escupo.Entonces, revuelta (el estómago, las ideas, los zapallitos) me doy cuenta: no necesito revolver nada para diluírme. (revólver). (Para diluírme) necesito asomarme un poquito más a la ventana.

lunes, diciembre 29

Más fanático del destierro que del desentierro, José se mutila de a poquito. Porque acá tengo una verruga, y no es propio de un José tener verruga, así que chau brazo. Porque acá duele, y no es digno de un José dolerse, chau pulmón. Este meñique me pone de muy mal humor, y la superioridad de un José como soy yo no puede concebir todo eso de patalear y ponerse rojo y humedecerse de mar la cara. Nueve dedos, pues.
José tiene miedo de las cosas que no habitan y no pueden ser abarcadas por su nombre. Tiene terror todos los días de despertarse despeinado, o sucio, o con mal aliento. Cuando da señales de ser un humano, siente un horror de magnitud 10 que lo sacude todo y le tira del estante los adornitos que compró en mar del plata, y se encierra en un refugio antigente durante los siguientes dos meses, a podarse la humanidad y ver si puede, de paso, evitar que crezca otra vez. Estos son los peligros de no querer saberse los monstruos y de no exhibir los tentáculos -desorgulloso- a la humanidad circundante. José es un hombre solo y mutilado que es a medias, porque evita ser todo su costado alumno.

lunes, diciembre 22

Niente e più

El no vidente las novedades la veda electoral y la verdad. Siempre gana Perón y nunca gana Perón. Perón está muerto, Luca no. Todos los demás se hacen los vivos. Pero no importa. Javier está acostado y no siente sus puntos de apoyo porque no son suyos, y no escucha la respiración porque prefiere tocarla. Javier está acostado y mira el techo de La Casa descascarado. Del cascarón descascarado sale nada: la casa tiene los ovarios enfermos. A La Casa las trompas de Falopio se le achicharraron. Y crea solamente cascarón. Podríamos decir que Javier Calcedo está dentro del cascarón, pero tendríamos que aclarar las yemas: Javier Calcedo está en todas partes. Javier Calcedo está en un lugar común en todas las partes. Las une. Las partes entonces no se pueden partir, y el concepto de parte se anula, se anulan las partes. Si las partes se suprimen, Javier Calcedo no está en ninguna parte. Javier Calcedo ausente une y desune todas estas cosas mientras ve el techo descascarándose y ve la nada nacer de La Casa. Comprende la nada. Y le parece totalmente lógico que La Casa sea madre de nada. La Casa es la madre orgullosa de la nada sucia. La nada que tiene. La nada no-nada que no anonada, aterra. La nada nombrada. La nada encerrada en n con a con d con a. Ese tipo de nada que le ponemos nosotros a las cosas para des-sasonarlas, la que viene con particulitas de algo. La otra nada es otro cantar. La nada verdadera es todo mirándose a un espejo: mismo valor absoluto, diferente signo. Javier mirándose al espejo es cero y dios.
Javier Calcedo ausente aterriza: él en ninguna parte: en todas. La Casa haciendo casi ningun lado. Se tiene que ir antes de que La Casa lo ningunee, lo descascare y lo recorte.

lunes, diciembre 1

aprendí a
.........entrecerrar los ojos
para no pulverizar a la gente y
aprendí a
...............guardar el tiempo
en latas de conserva y
.........................a deslizarme entre
........................escurrirme por
........................manar de
.......................esconderme en
.......................transportarme sobre
.......................disfrazarme con
...................las palabras
para resultar jugosa.


y ahora
.tengo que des
aprender tanto
que me (urge) gustaría
,,,,,,,,,,,,, poder
.........................formatearme el cuerpo.

Amelia

Y entonces va a buscarse al espejo para contarse lo bonita que está. Se mira y después de un rato se reconoce. Desdibuja los bordes porque sin bordes puede hacerse lo que quiera. Se pone más tetas, se achica la boca y se hace piernas más largas. Reacomoda los lunares, recorta las puntas de pelo, aumenta el arco de los pies. Achica la cintura. Se imagina un vestido. Arma escenarios de femme fatale que se pinta la boca de rouge y coje mejor que una puta y la tiene más clara que Nietzsche. Asusta a todos. Se queda sola y loca. Vuelta a desdibujar, y ahora se achica las tetas, se aplana el vientre, trenza el pelo y agiganta los ojos. Se figura un globo rojo, enorme, brillante. Deposita una hormia negra y diminutísima en el dedo índice de la mano derecha. Ahora es una nena con veinte virginidades diferentes y renovables. Pregunta más de lo que puede concebir y le contestan sí, no y callate, en ese orden, todas las veces necesarias hasta que cierra la boca. Así que empieza a preguntarse para adentro y muy, muy de a poquito deja las hormigas en el suelo y se pone a hacer todas las otras cosas que hace para adentro también. Se queda sola y cuerda. Se borra otra vez.
Pone los bordes en su lugar, arma unas tetas tamaño mano, unas piernas finitas pero cortísimas, una panza chatita y unas caderas inexistentes. Suelta el pelo y le dibuja algunos firuletes. Distribuye los lunares entre la entrepierna y la panza. Se figura la ropa que puede y se quita el rouge. Es una Ella. Tiene algunas cosas claras, colecciona virginidades y de vez en cuando se procura un globo. Coje como puede y es bastante femme pero no mata a nadie. No sabe si está loca o cuerda, pero tiene muy clarito que está sola. Y le encanta.

domingo, noviembre 16

O

Amelia y su sexo se las arreglan para no dejar dormir. Está el colchón lleno de instintos primordiales y los dos hasta la nuca de coreografías ensayadas. Ella que le dice cuidado conmigo y al mismo tiempo ay que se me resbala la ropa y el otro que le corrige muñequita: la ropa te la resbalo yo, pero a la vez trata (y de a momentos se olvida de tratar, de destratar y de todo lo demás) de evitar la sublimación del propio cuerpo mientras Amelia besa y muerde y enreda pero no deja de ser la cosita Minúscula (con m mayúscula) que es Amelia. Santiago y su vértigo le dibujan líneas oblicuas en el cuello con la boca y con miedo, y entonces Amelia le dice vayamos despacito, pero el vestido se desabotona (¿solo?) y él le dice que vayamos como quieras, pero el pantalón se escapa corriendo atrás del vestido. De ahí en más todo lo subyacente a lo que estuve diciendo: Amelia deja de ser Amelia para pasar a ser Yin y Gin, y Santiago se agarra un pedo de novela hecho Yang hasta que Tao. Y Amelia llora. Porque eso es lo que hace Amelia cuando está demasiado: llorar. Llorar suave y bonito, y dejar que se escapen unos pares de hipos y algunas palabras en catarata. Pronuncia un nos amo, como si el otro le hubiera preguntado qué estás haciendo. Santiago sabe que silencio, que mirarla. Porque eso es lo que hace Santiago cuando está demasiado: callarse y mirar. Después se meten adentro de sus bordes otra vez, y pegan un límite con el otro para escucharse latir adentro. Está el colchón lleno de una ternura blandita y suave, y los dos hasta la nuca de la gente que no contempla. Santiago y su calorcito se las arreglan para no dejar dormir.

sábado, noviembre 8

Encuentro mucho más atractivo el dolor de pulmones que la cabeza metamorfoseada en edificio y me resulta inevitable ensuciarme los pies, pero eso es solamente porque me gusta la tierra y hacer que mis pies la habiten. Además, que la tierra no pare de moverse es maravilloso. Y que mis pies la oigan es milagroso. Del silencio no hay nada que no conozca ni nada que pueda decir, pero cuando se presenta lo bebo y mi piel me lo agradece. Me lo agradezco yo. Cada tanto me entero de algo que me pone los pelos de punta, como que los árboles gritan pero no los escuchamos, o que todas las aves vuelan siguiendo una onda electromagnética diferente, o que desde que la gente come comida con conservantes sus cadáveres tardan más en pudrirse. Y entonces sonrío, o lloro un poquito, y le digo cosas al aire, y pierdo una virginidad. Creo que quien inventó la palabra encender tiene que haber tenido una patria bien profunda y concentradita en la boca del estómago, pulsando igual que la mía. También pienso que la palabra terrible se inventó para describir la acción de llenar el espacio con la voz monocorde. Esterilizar el ambiente. Llenarlo de palabras bañadas en pervinox. Solamente suplico cuando el abismo de las palabras impalpables se me hace inminente y la tierra se calla. Es aún peor la forma que toma el abismo cuando se nos pausa, y es aún más peor cuando el que agujerea la tierra para que se convirta en abismo es alguien que se la pasaba hablando de lo bonito que es hacer que el medio se agite. Pienso esto, pero no me hace existir. Las únicas dos acciones que puedo alegar como evidencia de que existo son la de sentarme en lugares en los que podría dejarme olvidado mi cuerpo y disfrutarlo muchisimo, y la de abrazarte con el objetivo único y evidente de dejarme olvidado mi cuerpo y que me disfrutes muchisimo.

miércoles, octubre 22



No quiero más merengue. Los pies llenos de ampollas. Las ampollas supuran veneno. No quiero más mambo. El piso debería encontrarse unas mil millas por debajo de mi campo ocupar ( y cuando digo campo ocular estoy hablando de todos mis ojos) Yo no quiero pisarlo más, no tengo ritmo de piso, esto que estoy haciendo no es ser, es hacerse la imbécil. Imbécil. Si sigo así la imbecilidad va a resultar irremontable. No quiero más malambo. ¿Cuándo me toca mamboretá?

Anas

Lo que necesito es plantar el bulbo.

jueves, octubre 16

.

Que nos sabemos los rituales de memoria que
el amor con vox dei
que el amor sin ego
sin corbatita de moño
sin rotulitos
sin reprochitos sin
sines.
Que te decía sin boca
que me decías sin miedo
y nos decíamos bien.
Que canción para los días de la vida
que cachorros y que personajes
y que tu olor y
tu pájaro
tu serpiente
mi yo.
Me tengo que estar apretando los lagrimales todo el tiempo
para que no te me escapes
en ser salado.

domingo, octubre 12

Soñé cosas tan feas

No puedo, viejo. Me-han-puesto-manos-para-hablarle-a-las-cosas-de-mí pero al duende lo aborté. Además, la voz del tacto me tiembla y no puedo enhebrar mis filamentos en el ojo de la gente. Ya no estoy casi en ninguna pupila. Ya no estoy casi. Llevo tanto tiempo hablando de lo mal que se portan mis hermanos que me olvidé de que Fatimita también. También tiene bordes y cefalea, y de vez en cuando tiene que ir al baño y serumanear de lo lindo. Viejo, perdoname. Estoy vieja pero no aprendí nada. Me olvidé de alimentarme y ahora mi imagen me arruina el apetito. Soy incapaz de tocar a la Fátima que soy. La de las costillas hundidas y los poros estrangulados.La hecha de palomas obesas que no levantan vuelo. La que pronuncia la h constantemente en un acto (fallido) de evitar ahogarse. La de la soberbia por piel y la palabra estéril. Estéril toda. Casi en ninguna parte y otra vez asiéndose del suelo de manera asquerosa, revolcándose en su mugre y convirtiéndose de a poquito en. Haciéndose del suelo como si el suelo pudiera tenerla o sostenerla porque no quiere más náusea. Porque se olvidó del vértigo. Porque se olvidó básicamente de todo lo básico. La Fátima que soy echa olor a muerto y es resbalosa y astringente. Corrosiva. Punzocortante. Inconveniente. Perdió la acción de ritualizar los parpadeos de beber agua de mirar el cenit. Yo no quiero vivir con esto que soy/estoy/parezco colgado de mí. Yo no quiero, ayudame, teneme la cabeza mientras miro, aunque se me revuelvan las tripas, aunque me vomite la cara. Dejame llorar, dejame sentirme los frágiles y los desechos. Fátima necesita volver a moverse. No me muevas pero mostrame. A mí misma mostrame hecha mostro.

lunes, octubre 6

Es posible que las cosas se puedan ordenar de mayor a menor de arriba a abajo de manera cronológica y alfabética de la A al silencio. Por color, por olor, por textura. Apiladitas rotuladas y con la parte que dice frágil pararriba. A vos no te cuesta, claro. Vos mirás las cosas como por encima, las nombrás, les ponés etiquetitas y archivás sus bordes. Cuando te parece apropiado agarrás (con pinzas) alguna y la exhibís como si tal cosa. Las razones de todos aplauden pero nadie se mueve un centímetro ni paracá ni parallá. Notás entonces que se te cayó todo el relleno y que (con pinzas) sostenés un nombre. Livianito y pesadísimo.
Decir bordes no es difícil. A vos no te cuesta nada. Pero a mí me pone tan triste. No el borde, eh, sino el vacío. Me pone tan triste el vacío. El vacío innavegable. El vacío que no da vértigo. El vacío que no anuda el pecho. El vacío que no te moja la cara.
Sos tan triste. Lo peor es que no te cuesta nada. Simplemente te vacías.

lunes, septiembre 29

Bien

Hay dos maneras de concebir las cosas: una es por cesárea programada. La otra es por parto natural. Yo quiero transpirar, doctor, quiero beberme las lágrimas, quiero beberme la vida, sin anestesia local ni psicofármacos ni cicatrices. Yo quiero transpirar, doctor, voy a parirme en continuado hasta que siempre. Voy a comerme mi útero en cada manzana. Quiero beberme, doctor. Quiero oír llorar a las cosas, quiero bañarme con las cosas, cortar el cordón umbilical de las cosas, que las cosas me agarren el pulgar y abran los ojos enormes, gigantes. Quiero saber que soy los ojos enormes gigantes de las cosas. Las cosas que yo conciba no van a nacer bajo techo ni desinfectadas, no van a nacer tristes, no van a chocar contra nada.
De las cosas concebidas cabe destacar todo lo que no se destaca en lo absoluto como los filamentos de las hojas y los pulmones de los pájaros. Y si no cabe nos achicamos a ver si entra apretadito. Uno sin destacar lo que no se destaca es obsoleto. No funciona. No-sir-ve. No funciona descontar ni descontrolar. Controlar tampoco. No sirve y no hace falta. Cabe destacar todo lo que no se destaca en lo absoluto por amor al grito y por amor más que nada. Por amar. Desde el primer sonido en la garganta hasta el último clavo en el cajón. Sin controlar ni descontrolar ni contar o descontar. Yo quiero amar, doctor, quiero beberme las lágrimas, sin anestesia local ni psicofármacos ni cicatrices.

Cereza pidió

Cefalea de que se me retuercen las ratas en el cráneo se me apretujan los pájaros se picotean las plumas se caen las ideas. Piernas cansadas de que trepo trepo y trepo la llanura (te arrastrás) no, no me arrastro (sí, te arrastrás) pero no me quiero enterar (entonces no estés entera). Shh. Sin manos me agarro del bordecito como puedo (como no quiero, Dorita dejame caer) Callate Fátima les estoy diciendo (mentiras) lo que me pasa. El pecho así porque cuando estás triste y estoy triste un paquidermo se instala en la boca del estómago ( y vos no lo invitás a pasar) ya va a pasar solo (se va a abrir camino y) no importa (y va a romper todo). La piel así porque se acuerda del tacto y se destodo (no es un recuerdo Dora, tu piel está en contacto constante con...) Basta, Fátima, suprimite, dejame hablar (nada más digo que él y tu piel son más o menos lo mismo). No, Fatimita, mi piel se asfixia, Javier es oxígeno. (Hablo de tu piel de verdad) No hables. Como unos pececitos me sobreviven en la sangre me circulan en el aire circulan (son vos) Me sobreviven los pececitos (son él) Son unos nosotros manifestados en branquias y aletas y cosas fresquitas resbaladizas sutiles. Divinos (Ay Dorita sos tan hermosa cuando sos) Calman las ratas los paquidermos las alas la piel. Sueltan las manos abren las puertas curan las rodillas raspadas me circulan me sobreviven (Dora sigue en Dora, todo va a estar bien) Recuerdito (realidad) de tu mano en mi panza toca la puerta y se acumulan los peces en el ombligo. Javier, te siento más que nunca. (Están haciendo trampa metafísica) Ya sé.

domingo, septiembre 28

Como si las cosas fueran palabra yo
nos inundo de tiempos verbales y
recito y digo vos sos
vos eras
vos eras oxígeno
en mi pulmón y
en mi tejido sanguíneo.
Como si las cosas fueran un olorcito yo
hago así con la nariz y digo extraño
cuando la pieza apesta a sándalo y
Vox Dei es hermoso
y yo lloro.
Como si las cosas fueran palpables yo
estiro mis manos
en el tiempo y digo es
desvestirnos en serio
hasta la médula y
exponernos a los ojos de las manos
propiájenas.
Como si se pudiera
decir lo que sea sobre
vos yo
explico
que no pudimos
que no supimos
que no somos inmunes
que dentro de un tiempo
que nos hicimos mal y
todos entienden pero
no saben nada
y cada vez que llueve tengo
que explicarles
por qué.

miércoles, septiembre 17

Me encontré piojos en las alas

Nosotros los fénix sabemos dos cosas con una destreza absurda. Una es el momento en que hay que disiparse. La otra es hacer que el mundo tiemble cuando nacemos. Nuestro vuelo sublimó los candados se cayó del borde del mundo se tragó el océano pacífico por los poros nos derritió los límites nos hizo las manos la acción de las manos sobre la piel la acción de la piel sobre todo. Sobre todo nuestro vuelo. Nosotros funcionó tan puro. Nosotros funcionó tan infinito. Digo vos como si dijera luz y a escondidas digo yo como si dijera vos. Nos digo como puedo y puedo decirnos hasta el fin del mundo. Nosotros tan infinito que rompimos en mil los tiempos verbales. La caja de los ratoncitos rompimos, hicimos estallar todo lo que no tenía suficiente espacio intermolecular como para contenernos. Nosotros tan sutil que dijimos las cosas sin la carne y sin la lengua y sin los ojos. Nosotros tan hermosos, Dante, tan tan hermosos que profanarnos sería el acto más podrido de todos. No nos olvidemos de nuestras destrezas absurdas. Rottwailler, no nos olvidemos nunca.

miércoles, septiembre 10

Balcón

No podés evitar el frío y por eso no lo evitás. Además, los espasmos son tan pero tan exageradamente satisfactorios como todo. Encima la brasa crepita, y rara vez la escuchás. Hoy es rara vez. Todas las veces son raras. Debajo la brasa también crepita. Vos te dedicás a escuchar las brasas de todos, todas las aguas, los maremotos y todos los vasos rotos. Escuchás las cinturas y los perfumes y los pelajes. Escuchás la sangre pasear y te hace cosquillas pero reirte no te parece apropiado. Escuchás la sangre volcarse. Tranquilo. Escuchás la sangre coagulada. Llorás. La inercia siempre te hace derramarte. Y escuchás (por sobre todas las cosas, y te regocijás, como con todas las cosas) el sonido que hace el viento cuando uno le anda temblando encima. Hay muy pocas cosas que aterroricen a la gente que anda en las alturas y nada es poca cosa pero para nosotros el miedo es una pelusa en el bolsillo del pantalón. A la pelusa la escuchás también, pero tratás de que no te ataque y que no te diga. Que no te avise. Intentás no enterarte de que está hecha de la piel que vos desechaste. Te enterás igual. Y entonces temblás y ya no es tanto el frío como darte cuenta de que en el pantalón tenés demasiados bolsillos. Te descubrí decís. Eso decís, te descubrí, vos volás porque usas polleras. Mentira, tengo los bolsillos escondidos entre las costillas. Volar no implica despelusarse. Yo no puedo evitar el llanto y por eso no te evito.

sábado, agosto 23

Necesario

----Un malabarista en cada semáforo
----------Que los semáforos no existan y dejen libres a los malabaristas
----Uno como vos para cada ser
----------Que los seres sean y puedan verte
----Un pisotear relojes más bien costante
----------Después lavarse los pies
----Una serpiente más bien mínima en una cajita olfateando (lo todo)
----------Que haya siempre un agujerito en la caja.

Por sobre todo: la luz sobre la piel de la serpiente.

Un muerto de hambre se mira desnudo y desinflado al espejo. Mugriento. De adentro parafuera mugriento. Se palpa las costillas las cuenta las oye gritar. Pero las costillas son lo único que grita en un muerto de hambre. Un muerto de hambre es básicamente un agujero en una sábana de sonidos. A través del muerto de hambre entra el frío. Un muerto de hambre no vibra y no mueve. Nada. Se alimenta de su propio hambre, de palparse las costillas. Se toma del borde de las cosas porque no puede mantenerse en pie y tira de ellas para taparse. Pero es un agujero negro y más bien se traga las cosas que lo tapan. El muerto de hambre es un agujero en una sábana de color. Clava las uñas en su propia carne y mastica con fuerza hasta molerse cartílagos. Se chorrea de su propia sangre inerte. Se relame. Deja migas de sí mismo por todas partes. Pero las mandibulas no hacen ruido la carne no grita no gritan las migas. El muerto de hambre es un agujero en una sábana de suave. Un muerto de hambre se mira desnudo y desinflado al yo. Mugriento de afuerapadentro. Se saca a sí mismo de adentro de su boca. Tiene vergüenza. Tiene miedo. No tiene hambre. Emite el primer sonido que se le oye al muerto de hambre cuando no da más: un latido. Lubdup. Otro. Lubdup. Un tercero. Lubdup. Lubdup lubdup lubdup lubdup lubdup.
El vivo de luz entiende: morir de hambre no es algo propio del ser que late. Un vivo de luz es, básicamente, un agujero en una sábana de dolor que tapa a un ratoncito.

miércoles, agosto 13

Intramelia

-Amelia hermosa completa infinita
-Amelia a secas.
-¿seca por qué?
-porque me drenan, Santiago.
-si te drenaran yo no estaría acá. Nada estaría acá si te drenaran. Amelia sinfín
-¿qué es acá?
-vos sos acá. Yo tengo sed.
-vos no tenés nada. Procurá que el vientito te vuele la cara y tomá mucho agua consciente del agua de todos modos así te sentís mejor. Ah, y tocate el pelo de mi parte. Mi mano en tu pelo nos hace bien.
-vos sos yo.
-entonces tocatelo de tu parte.
-no hay partes
-sí que hay, mirá: el corazón acá, las tripas acá, acá el aparato de Golghi y acá la vía láctea.
-¡aia!
-¿qué?
-la vía láctea es sensible, tratame con cuidado.
-perdoname, soy un poco bruta.
-está bien. De todos modos esas no son partes. No hay partes, hay todos.
-desarrollá.
-ya sabés lo que te estoy diciendo, desenrrollá.
-necesito que me digas
-no, no necesitamos que nos diga
-¡Decí!
-Mirá, Amelia, "en" no significa adentro de. Quiero decir, uno está adentro de la pieza, porque la pieza no es uno. Pero el hueso es el dedo, luego el hueso está en el dedo. La mamushka está en la mamushka. El planeta está en la célula y la célula en la vía láctea.
-vos estás en yo
-pero yo no estoy en concepto
-no, estoy en movimiento
-Comprendemos.
-Durmamos ahora, cantame así dormís.
-¿tenés sueño?
-estoy cansada
-¿estás seca?
-no, estás vos
-¿vamos a estar bien?
-vamos a estar en
-los registros olfativos y las camas pero
-mientras procuremos que el vientito nos vuele la cara
-y tomemos agua concientes del agua
-el agua en, ¿no?
-sí, en todos lados
-y todos los lados en movimiento
-todos los lados de vos

lunes, agosto 11

E!


Vos no podés evitar que las cosas tomen forma de estrella cuando las pronunciás Luanita.

viernes, agosto 8

No demasiado

Se puso perfume para que no la oliera
quiso esconder
se
miró el espejo y se vio un vacío
un vacío riquísimo en el ombligo se vio
liviana
pesó el vacío que es
ella nada más
descontó la ropa descontó el perfume
se sacó
el perfume para que la viera
y la vi
y tuve tanto vértigo que me dio
miedo
Me da miedo ella y caerme
me da miedo (querer) caerme.
Yo la vi imponente pero ella no
vio nada.
Ella se oyó impotente
Se vio atada
vestida
perfumada
llena de
podredumbre.
Tuve que
acercarme y poner una mano en su panza poner
las manos alrededor
del ombligo mirar
la
para que sintiera
su propia piel
moviéndose y
mi tacto
derritiéndose.
Vibro
me dijo.

miércoles, julio 30

Historia (clase de)

Cuando eramos chicos nos sentíamos solos así que nos conseguimos un perrito. Era medio tuerto y medio feo pero lo queríamos igual porque nos distraía. Servía. Le decíamos que trajera la pelotita y hacía caso. No nos mordía. Le dabamos de comer todos los días y movía la cola. Cuando movía la cola teníamos la impresión de que nos movíamos nosotros, pero era una ilusión espiritual. Un día el perrito se murió de viejo, se murió de feo y de tuerto. Ahora lo tenemos en el patio. Le decimos que traiga la pelotita y no hace caso. Tampoco mueve la cola. Lo único que hace es pudrirse y apestar. De todos modos le damos de comer todos los días. Crear otro perrito cuesta, finjamos. Mientras hagamos de cuenta que sigue vivo no vamos a sentirnos solos. Aunque la nariz. Este perro apesta y uno no puede cerrar la nariz.

martes, julio 29

*

A veces funcionan en plan espejo y se sienten más que nada frágiles y otras veces funcionan en precipitarse el agua y se saben más que todo sutiles. Pero cuando no hay nada que se pueda hacer solamente alcanzan el borde de las cosas y tiran fuerte para taparse y no morirse ni de frío ni de amor. Bajan la vista casi casi sin darse cuenta. Mirarse el ombligo (mirarse el hombre) es concientizarse de la trayectoria de las alas en vuelo para poder estar postrado sin temblar.